Sobre esta página

En la presente selección de textos se encuentran bosquejados años de vida, en los cuales lo único que jamás me ha abandonado ha sido la inquietud poética. Las temáticas son variadas, pasando desde problemas hondamente cotidianos, para luego adentrarse en ciertas intuiciones filosóficas que han sido garabateadas en algunos versos. Su participación como lectores es de altísima importancia, puesto que ustedes son, al final de cuentas, quienes me ayudarán a configurar los libros que, a partir de este espacio en la red , proyecto para el futuro.
Bienvenidos
Mauricio Mena Iturriaga

lunes, 9 de mayo de 2005

SOLEDAD

SOLEDAD.

Solo. Como una prenda tendida
en el patio trasero de una casa añosa
o un montón de hojas que nadie barre
pese a que el otoño ya se ha ido.
Acá no se siente frió ni calor.
O quién sabe, quizás si se siente;
pero nosotros, hastiados en nuestra
soledad, insistimos en cerrar los ojos
y hacer como si nada hubiese pasado.
El viento recorre el pasillo y nada.
Acá nadie cuida la puerta,
ya nadie se encarga del doble candado
o de guardar un secreto, por temor
a que el viento lo lleve donde pertenece.
Hace siglos que no lleno crucigramas.
Cansado de tanta palabra al azar,
me dedico ahora a coleccionar el silencio,
como los niños que coleccionan insectos
y le prenden alfileres como anclas
contra la muerte: la inevitable voracidad
del tiempo. El polvo todo lo abarca.
He visto a Dios haciendo malabares
con las pequeñas partículas que cruzan
el bostezo con el que recibo la mañana.
He perdido la fe en una mano de póquer,
junto con ella también perdí el poco humor
que me quedaba, unos cuantos cigarrillos
y el nombre que recibiera como cicatriz
cuando me olvidaron en este mundo.
Maldito sea éste último. Poco me duele
dejarlo. La vida sin él es como un calambre:
sabes de ella porque duele. Y como un mal tango,
termina antes de que puedas besar a la chica.

1 comentario:

Pipe Ríos dijo...

El mocoso de la esquina ya no nos hace los pedidos. El urbanismo ya no es tarea de esquivos arquitectos sino de crueles aprendices que interpretaron mal los planos del padrecito Freud. La mujer que quieres está con otro en el cine, o tomando helados, o simplemente usurpando el tiempo que debería ser tuyo. Puras situaciones que al final nos van arrojando al rincón de siempre, ¿no cierto? Bueno, al fin y al cabo de eso se nutre la escritura, y tú sabes decirlo mejor con versos. Ayudando a sentir, compañero.